miércoles, 4 de marzo de 2015

Reseña de los textos de Juan Rulfo: El llano en llamas y ¡Diles que no me maten!






En esta reseña se describirán elementos de identificación sobre el autor tales como el contexto social, histórico y geográfico en el que se desarrolló como escritor. De igual manera, se determinará el contexto social, histórico, geográfico y cultural en el que se desarrollan los relatos, “¡Diles que no me maten!” y “El llano en llamas” del libro titulado homónimamente, El llano en llamas de Juan Rulfo.

Motivos
El escritor mexicano Juan Rulfo nacido el 16 de mayo de 1918 en Apulco, localidad cercana a San Gabriel, Jalisco fue sin duda un representante icónico de la literatura moderna latinoamericana del siglo XX.
Perteneció al movimiento literario denominado “realismo mágico” ya que sus narraciones se caracterizan por relatar hechos insólitos, fantásticos e irracionales en un contexto realista. Entre sus obras escritas está el libro “El llano en llamas”, el cual es una recopilación de cuentos publicados en el año de 1953 por el Fondo de Cultura Económica (FCE) en México D.F.; conformado por quince relatos. En la segunda edición de 1970 se adjuntaron dos relatos más, “El día del derrumbe” y “La herencia de Matilde Arcángel”.
Geográficamente el escritor estuvo influenciado por el propio lugar que lo vio crecer, un escenario devastado por los estragos de la Revolución y la Guerra cristera de los años 1926 a 1929. La niñez de Juan Rulfo transcurrió en una atmósfera llena de repercusiones de la reciente Revolución, en tierra áspera, estéril por la erosión, y devastada por los largos años de Guerra Civil. En la segunda mitad de los años 20, el estado de Jalisco se convirtió en uno de los focos de la rebelión de los cristeros. Llevados hasta la desesperación, los campesinos abandonaban los lugares natales. Los pueblos desiertos y los campos desolados quedaron grabados para siempre en su memoria. (Villaseñor)
Por ello su obra manifiesta históricamente la realidad de aquel México al que le faltaba la esperanza y le sobraba la desolación. Manifiesta aquel mundo del ser rural agotado y falto de fe, que padecía los conflictos agrarios y la insurrección de los cristianos enmudecidos por los federales. Sin embargo, mantuvo una ideología neutral y distante (centralista) y se debe a una razón fundamental puesto que no fue partidario de la guerra cristera ni de los estragos de la Revolución Mexicana, solo lanza al aire su visión como una denuncia sociopolítica de aquellos tiempos.
Rulfo parece alérgico a todo: a la crítica, a un cambio social, incluso a su propia gloria. Cuando dijo todo lo que tenía que decir, calló. Este suicidio creador ha durado desde 1955, año de la publicación de su última novela.[1]

Panorama de sus relatos
            "¡Diles que no me maten!” y “El llano en llamas” no son narraciones propias de la Revolución Mexicana pero el autor sí proyecta conflictos e historias subjetivamente sobre la época, todo encaja perfectamente como analogía. Los montes y llanos de tierras mexicanas son el escenario principal de sus escritos; en su creación, se mantuvo fiel a su tierra natal, Jalisco. Así narra Juvencio Nava en “¡Diles que no me maten!” "Y yo echaba pal monte, entreverándome entre los madroños y pasándome los días comiendo verdolagas…”, o como relata el narrador en “El llano en llamas”, “cruzaron por encima de nosotros hacia los cerros.”
En ellas se desarrollan historias enmarcadas por la aridez y la sequía de los llanos jaliscienses en los que abunda la mala vida y la desesperanza. Aborda la vida desdichada del hombre rural mexicano; de aquellos que habitan en los poblados, sus usanzas, modos de vida, sus razones, sus temores, sus sentimientos, su forma tan característica de hablar de acuerdo con la región… La vida de “la gente de pueblo”. Los personajes en ambas narraciones son gente de campo, gente simple…gente común que usa un lenguaje común. Su realidad coincide con la realidad de aquellos hombres de la época, hombres que sufren por todo aquello que ha sido destruido y les ha sido arrebatado. Les toca vivir un destino ya predispuesto a la fatalidad, a lo que ya no tiene remedio, solo esperan y escudriñan el fracaso. Ambos textos mantienen su familiaridad con la muerte, con aquello que ya no tiene remedio. Juvencio Nava en ¡Diles que no me maten! es fusilado 35 años después de haber matado a su compadre Don Lupe Terreros. Sin embargo se aferra a su supervivencia: “No tenía ganas de nada. Sólo de vivir (...) unas ganas tan grandes de vivir como sólo las puede sentir un recién resucitado”. Después del pecado le viene la culpa y finalmente cumple su condena. Aunque es un criminal él siente que ya ha pagado.
En “El llano en llamas” se narra el enfrentamiento entre los hombres de Petronilo Flores(los federales) y Pedro Zamora(los rebeldes). Mataban y aniquilaban a diestra y siniestra y hasta con gusto, “daba gusto,
era bonito”. Pero también a ellos los mataban y aniquilaban reduciendo cada vez más el número de integrantes En el aguaje estaba otro de los nuestros con las costillas de fuera como si lo hubieran macheteado.”
Rulfo parece valorar implícitamente todo quehacer humano que promueva las relaciones de solidaridad entre los hombres y denuncie los caminos de muerte por oposición a los de la vida.[2]
El tiempo de Rulfo pareciera tullido, no anda. Los relatos no mantienen un orden cronológico, todo es desordenado, las imágenes van de aquí para allá transportándonos a distintos espacios temporales en la historia “poco después”, cosa de cinco años”, “Esto pasó hace treinta y cinco años”, “desde entonces”, etc.
Sin pasado, sin futuro y con un presente que no le pertenece, el hombre está condenado a la impotencia frente al destino.[3]
  
Juicio valorativo
Considero que Rulfo como representante de la literatura moderna del siglo XX, despertó controversia con su obra, estaba un tanto fuera de lugar para su época pero aun así fue bien criticada. Su técnica narrativa (fragmentación, atemporalidad, ambigüedad, uso de narrador equisciente y/o testigo)  está ubicada en  el realismo mágico donde integra lo fantástico a lo real transformándolo en ficción pero sin deformarlo, con esta técnica innovó en aquel entonces, colocándola incluso dentro de lo europeizado. La temática de sus historias tiene cierto sentido realista tanto del drama de su propia vida, por el asesinato de su padre, como a la situación que padecía socialmente el país, específicamente los campesinos en aquel momento debido a la Revolución y la Guerra Cristera.
Evidentemente estos relatos y la obra completa de Rulfo son ideales para llevar a cabo infinidad de análisis literarios, sociales y lingüísticos que enriquecerían aún más la genialidad de sus escritos.


[1] Narrativa mexicana: de Azuela a Rulfo. Francisco Antolin. Concordia University, Montreal.
[2]Destrucción de los mitos, ¿posibilidad de la Historia? "El llano en llamas" de Juan Rulfo. Yvette Jiménez de Báez. El Colegio de México.
[3] Narrativa mexicana: de Azuela a Rulfo. Francisco Antolin. Concordia University, Montreal.

miércoles, 28 de enero de 2015




"Para ser grande, sé entero: nada tuyo exageres o excluyas. Sé todo en cada cosa. Pon cuanto eres en lo mínimo que hagas, por eso la luna brilla toda en cada lago, porque alta vive"
-Fernando Pessoa

lunes, 5 de enero de 2015

El voto femenino en México.




La lucha femenina por ejercer sus derechos de votación y decisión comenzó en México sus primeras manifestaciones importantes se dan durante los años 1884 y 1887, cuando por primera vez una publicación, la revista femenina Violetas del Anáhuac, fundada y dirigida por Laureana Wright González y escrita solamente por mujeres, demandó el sufragio femenino.
Pero no fue hasta el 9 de diciembre de 1952 que se leyó en la Cámara de Diputados la iniciativa presidencial de Ruíz Cortines para que se otorgara el voto a la mujer. Ester Chapa, militante comunista y fundadora del Frente Único Pro Derechos de la Mujer, no estuvo de acuerdo y pidió que se concluyera el trámite de 1937, el cual incluía:
  •  Incorporar a la mujer mexicana la vida cívica y política de la nación.
  • Otorgar a la mujer mexicana iguales derechos que al hombre para que desarrolle sus      facultades en la medida de sus fuerzas. 
  •  Igualdad de derechos para la mujer ante las leyes civiles, sociales, económicas y políticas.
Su petición no fue aceptada y el 17 de octubre de 1953 se publicó en el Diario Oficial, la modificación al texto constitucional según la cual se reconocía a la mujer en México el derecho a votar y ser votada en las elecciones a nivel nacional.
En las elecciones federales para renovar la Cámara de Diputados en el periodo 1955-58, se eligió a las primeras 7 diputadas a la XLll legislatura.
En los años sesenta y setenta las mujeres incrementan su participación en la vida política, en las carreras universitarias, en el mercado laboral; participan en el movimiento estudiantil y acceden masivamente al uso de la píldora anticonceptiva.
Por esos años, la mayoría de edad se establece a los 18 años para ambos sexos; el movimiento feminista defiende el derecho a la interrupción del embarazo, a la no violencia contra las mujeres y la protección a las mujeres violadas; mientras se generan programas de planificación familiar.
En 1976 se reforma el segundo párrafo del Artículo 4º de la Constitución Mexicana, que eleva a rango constitucional la igualdad entre el hombres y la mujer, así como la libertad para decidir sobre el número y espaciamiento de las hijas y los hijos. En el terreno de la participación política, se cierra la década de los setenta con un importante logro: Griselda Álvarez gana y obtiene la primera gubernatura (Colima, 1979) para una mujer en la historia moderna de México.
Durante la década de los años ochenta y noventa las mujeres hacen suyos los derechos ganados e incrementan su participación en las universidades, en el mercado laboral, en la política y en todos los ámbitos de la vida nacional.


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Referencias: